La atención como herramienta de conexión

Ane-Mary Ormenișan

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la atención como herramienta de conexión

La atención es el fenómeno psíquico de orientación selectiva y de concentración psico-nerviosa para realizar de manera óptima cualquier actividad.

En los procesos psíquicos, la atención no tiene un contenido informativo específico ni un producto propio, por lo que se incluye entre las funciones de la voluntad, entre las operaciones de la inteligencia o incluso entre las funciones generales de la conciencia.

Subjetivamente, la atención se siente como un estado de tensión que puede ser reconocido por ciertos signos de comportamiento: mirada fija a la persona u objeto, inmovilidad o silencio, disminución de la frecuencia respiratoria, etc.

El trastorno por déficit de atención o incluso la falta de atención tiene importantes consecuencias relacionadas con la actividad, desde omisiones hasta accidentes, confusiones o errores.

La atención se encuentra con tres dimensiones:

Procedimental (porque detrás hay complejos mecanismos neurofisiológicos: Despertar, Reacción de Orientación, Vigilancia);

Funcional (activación selectiva, concentración, orientación);

Actividad (a través de importantes implicaciones en las actividades perceptivo-cognitivas).

La característica más importante de la atención es, en opinión de todos los que han estudiado el fenómeno, la selectividad.

En promedio, estamos constantemente expuestos a multitud de estímulos que actúan sobre nuestros receptores sensoriales. Dependiendo de la actividad en la que estemos involucrados o queramos involucrarnos, es necesario enfocarnos en el estímulo que más importa en ese momento, ignorando a los demás.

La selección implica el procesamiento de la información, y en relación al momento de su análisis, existe una selección temprana y una selección tardía.

En base a esta función se produce la adaptación, regulación y apoyo energético de la actividad, siendo el objetivo final la adaptación eficiente. Esto se hace señalando correctamente los eventos y situaciones que se encuentran en el área de la conciencia. Gracias a esta función de atención, el cuerpo es advertido en caso de peligros inesperados.

El ajuste y la adaptación son importantes tanto desde el punto de vista fisiológico como cognitivo y emocional (cuando las situaciones requieren desenfoque para la adaptación).

Los estímulos pueden desencadenar tres reacciones específicas para caracterizar la atención:

Reacción de orientación (todo lo que tiene una conexión significativa con una tarea que la persona tiene que realizar, llama la atención);

La reacción de la concentración (concentración – consiste en centrar la atención sólo en aquellos estímulos considerados esenciales para la actividad en curso y en bloquear los irrelevantes);

Reacción de selección (implica una decisión relacionada con las especificidades de la actividad y la satisfacción de las necesidades individuales generadas por ella).

En términos prácticos, la atención cumple las siguientes funciones:

Función de orientación, concentración y selección;

Función de ajuste regulatorio.

Dado el esfuerzo y la conciencia, podemos hablar de:

1. Atención involuntaria, cuando se capta la atención sin que nos lo hayamos propuesto previamente. Una persona presta atención espontáneamente sólo a las cosas que le afectan, le interesan, le producen un estado agradable, desagradable o mixto. La naturaleza de la atención espontánea a una persona revela su carácter o al menos sus tendencias fundamentales.

2. Atención voluntaria, cuando se hace un esfuerzo para lograr un objetivo determinado o para completar una tarea determinada. La atención voluntaria nació bajo la presión de la necesidad y con el progreso de la inteligencia, convirtiéndose en instrumento de superación y producto de la civilización.

3. Atención post voluntaria, que se basa en el hábito (superior) de estar atento, porque -afortunadamente- la atención también se puede educar.

Dependiendo de la dirección principal de atención, hay:

1. Atención interna, que implica orientación hacia: pensamientos, imágenes, sentimientos y que aparece en la comunicación con uno mismo;

2. La atención exterior, que se orienta hacia el mundo exterior y que interviene en todo tipo de actividad humana: creación, aprendizaje, juego, trabajo;

3. Atención expectante o en espera, que se manifiesta cuando estamos a la espera del inicio o finalización de las acciones.

Es importante ser consciente de que todo el cuerpo participa en la realización de la atención, reflejándose los fenómenos y objetos en su centro con gran exactitud y precisión.

También se analizaron los fenómenos vasomotores durante el desarrollo de la atención concentrada de alta intensidad y se encontró un alto nivel de actividad cerebral, con alteraciones cardiacas, motoras y respiratorias.

Además, la atención enfocada implica la rapidez de notar un evento esperado; está fuertemente influenciado por la motivación y los estados emocionales, siendo acompañado por manifestaciones explícitas de expresiones faciales y posturas.

El foco de atención se ha convertido en un dispositivo orgánico de adaptación absolutamente indispensable para la supervivencia.

“La atención es la forma más preciosa y pura de generosidad”, decía Simone Weil, en una frase sincrética que se ha hecho célebre.

Nuestra forma de estar presente aquí y ahora es la que da la cualidad del sentido de lo que percibimos, porque nuestro informar no es al mundo en general, sino a la cualidad de “ser” en el más alto sentido posible.


Bibliografia: Paginadepsihologie.ro, Academia.Edu, Ac-Psihologie.ro

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Escrito por Ane-Mary Ormenișan

Contributor

Aceptar. Saber. Amar. Aprender. Para recibir. Regresar. ¡Para transformar!
En la sinuosa cronología de mi vida, estos son los verbos que siempre han definido mi existencia. También son ellos los que han suavizado mis oposiciones, que no fueron pocas …

Hoy soy fiel a mí misma de manera comprometida, amo a las personas de manera genuina, me expreso con libertad y traigo pasión a mis “ecuaciones” de vida, abriendo – siempre más amplias – “ventanas” al mundo que nunca cesan de sorprenderme.

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